El campo político del kirchnerismo también tiene su “fiolo”.
Desde la pesadilla en supuesto estado de sensación y ahora de nuevo golpismo, los ciudadanos argentinos nos profundizamos en una crisis que revela a la condición humana pero no en los términos apocalípticos analizados por Elisa Carrió. Quien entre paréntesis, el domingo por la noche, les pidió a los tres integrantes del programa “Tres poderes” que no la subestimen ni minimicen en su futurología.
La crisis, instalada a priori del conflicto gobierno/campo, cobró su punto más álgido el feriado día 16 cuando la gente, sin distinción de barrios, se pronunció.
Veamos, a partir del cambio de gobierno y como consecuencia de un panorama de situación propicio para el descalabro, la competitividad se hizo presente y con ello, el operativo destrozar a Cristina.
Una mujer controvertida por su forma de presentarse en los medios de comunicación y por tener una tendencia sostenida a concretar algunos de sus placeres en las tiendas más destacadas de Argentina y el mundo.
Se la cuestiona, además, por ser excesivamente gesticuladora. También sofisticada al momento de expresarse en sus discursos y acusada de soberbia cuando responde reproches. Así se describe a la Presidente en términos decorosos. Luego, el tráfico de información y el off de record confiesan otro tipo de opiniones que la defenestran despiadadamente mediante el empleo de adjetivos que no nos enaltecen como sociedad y tampoco nos colocan por encima de ella. Simplemente, nos equiparan con la vulgaridad de Kirchner que se encuentra detrás de la cara expuesta, convirtiéndose en una especie de "Ocho Cuarenta" ajustado al campo de la política que quiso estipular cuando decidió que fuese ella y no él.
La preparó en términos de selectividad y banalización. Y con ello, tal vez sin quererlo, reveló que el verdadero déficit argumentativo del gobierno y de Cristina, es la improvisación y el efecto sorpresa. De ahí, el silencio y la diseñada aparición en Cadena Nacional para concluir explicando, a su pesar, el caos imperante.
Entonces, en la instancia de exponer de inmediato de algunos funcionarios se reflejan los vacíos de saber así como las torpezas. Y en la espera dialéctica de Fernández se observa la disconformidad y la imposibilidad de superar los inconvenientes que tenían un desarrollo anunciado.
Pues en ese punto comienzan los problemas y es ahí cuando los argentinos comenzamos a ser rehenes de la abulia y la parcialidad de los derechos fundamentales. Es en ese preciso instante en el que comprendemos que el velo progresista no es más que un método perverso aunque funcional para coptar el exceso de sensibilidad de pasado existente. De agudización de los miedos a través de la utilización de palabras equivocadamente vinculadas con el recorte de la libertad de expresión y las libertades individuales.
Estancados en la década del ’70 y los culpables ’90, hasta del mal tiempo, no aparece la superación por finalidades económicas y políticas. No por ideología ni por modelo como se pretende instalar en la conciencia colectiva. Porque la constante de revivir la dictadura es asegurarse una permanencia. Es instalar en algunos espacios de diálogo e interacción la idea de compromiso y lucha democrática.
Es extender en el tablero todas las piezas e intentar derribar aquellas que no comparten la misma línea de pensamiento. Esas piezas representan, en el impuesto imaginario Fernández- Kirchner, el fascismo, el totalitarismo e importantes sartas de barbaridades que debiesen ser enmendadas con un buen diccionario que podría alcanzárselos el mejor alumno que ha sabido educar éste y el anterior gobierno: Daniel Scioli.
Actual Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, intenta sostener su mandato valiéndose de un cliché de características casi evangélicas que busca conciliar lo inconciliable y tapar la realidad con eternas caminatas que no solucionan el desastre delictivo del extenso territorio.
Ocurre, que mientras aparecen nuevos problemas y se agudizan los existentes, la inseguridad no cesa. Los delincuentes no se toman vacaciones y mucho menos operan, como parece estimarse desde el gobierno provincial, solo durante la semana y en horario de oficina.
Razón por la cual, la ineficacia es una característica que parece haberse instalado definitivamente en la conformación de gabinetes insostenibles tanto en lo intelectual como en lo práctico.
Se presentan, en su mayoría, como lumpens de la política que no comprenden que de la misma manera que el mundo se globaliza en sus distintas áreas, el crimen organizado también lo hace. O sea, con la modernidad, la inseguridad en sus distintas variantes ha pasado a formar parte de la vida cotidiana para crear imágenes terroríficas.
Y como consecuencia de la ignorancia voluntaria y el desconocimiento, el narcoterrorismo encontró las condiciones ideales para expandirse e instalarse en los lugares más insospechados.
Algunos en la selva y otros, como las maras y las pandillas, en los grandes centro urbanos. También en las fronteras y en los cordones, en el caso argentino, de un Conurbano Bonaerense olvidado y subestimado en los reclamos que se realizan desde los distintos vecindarios que asisten a la puesta en jaque de su bienestar.
Bajo estas características y haciendo tiempo como en los partidos de fútbol que están por finalizar, todos se suman a la demencia creada por Kirchner. Un Kirchner que opera desde la presidencia del PJ y se escuda, gubernamentalmente, en la figura femenina que, lejos de sumarle en la apertura mental de género, lo coloca, conforme a su proceder, en el referente máximo de los “fiolos” de la política argentina.
"Ocho Cuarenta"
24 de junio de 2008
Publicado por Laura Etcharren. en 16:41
Compilado de martes
17 de junio de 2008
El desquicio del ex presidente, la ausencia de la presidente, el demente de D’ Elia y las cacerolas que suenan.
Más, la introducción del tema de las maras en los medios de comunicación.
Operativo destrozar a Cristina
Lejos de arribar a una solución, el conflicto gobierno/campo se profundiza y explota en las calles de todo el país. Otra vez se escucharon masivamente los ruidos que fueron la antesala del final más espeluznante en el 2001.
Los encendidos sociales ya no se clasificaron por barrios. El pedido de diálogo, siempre presente entre los vecinos de Recoleta, Barrio Norte, Caballito y Belgrano tuvo su adhesión en Palermo, Parque Centenario, Villa Ortúzar, etc. Todo ello en el marco de Capital Federal. También en la Provincia de Buenos Aires y en las distintas Provincias Argentinas se sintieron los reclamos. Sucede, que las enquistadas retenciones, el mal empleo de las palabras y la agitación de la violencia alcanzaron durante este patético fin de semana largo su nivel más alto. Con lo cual, se pudo visualizar que además del problema agropecuario, la sociedad argentina asiste a una agudización de los miedos ante las constantes amenazas de Luis D’ Elia. Individuo enarbolado en el kirchnerismo y alineado con el ex presidente más que con la presidente misma.
Un piquetero que invita a los habitantes “bien nacidos” a armarse para revertir lo que ha dado en llamar “golpe económico”. De este modo se presenta en los medios de comunicación como un instigador de la violencia y pretende, a través de un lenguaje pueril, convocar al pueblo al demencial acto del día miércoles en Plaza de Mayo organizado por Néstor Kirchner en apoyo al gobierno. Un acto que, lejos de reflejar un respaldo innecesario, aparece como un operativo para destrozar, aún más, a Cristina.
Porque en estas instancias, el ex presidente no solo demuestra sus ansias desmedidas de poder e ingerencia dentro del gobierno sino también, su intención de acabar con ella. De ahí su provocativa ida a la plaza de todos los argentinos y los manejos retóricos que conjuntamente entabla con los piqueteros.
Mientras tanto, ella, está casi ausente. Como si no existiese. Como si el mandato estuviese a cargo de un fantasma o bien, fuese desempeñado por las caras visibles de los Fernández. Ausencia que demuestra cierta incapacidad y que revela fuertemente a los argentinos. A quienes la votaron y a quienes no. Porque con esta forma de no proceder de la presidente, los ciudadanos nos encontramos a la deriva. Más cerca del naufragio que de la trillada evolución que a estas alturas no es más que una quimera. Una venta de simulacros en el contexto de un gobierno selectivo al momento de evaluar los estados de situación y el compromiso con los derechos fundamentales.
Criterios parciales y equivocados alrededor de personas retóricamente hundidas en el siglo del miedo que buscan apartar a la gente del necesitado siglo del perdón para salir de esta barbarie instalada en los grandes centros urbanos. Razón por la cual, nuestro país atraviesa por una difícil crisis que requiere de una salida para poder cambiar este paradigma vigente de ficticio progresismo.
País incendiado desde todo punto de vista con un paisaje humeante que volvió a hacerse sentir frente a la nueva quema de pastizales. Como si no bastase con el caos existente, los inadaptados de siempre retornaron con la piromanía y sentaron las bases de la inconciencia enmascarada de conciencia.
La confusión de las maras
De un tiempo a esta parte, la palabra mara irrumpe en los medios de comunicación para abrir un debate acerca de la existencia o no en nuestro país de estos grupos organizados. Tanto es así, que las consultas periodistas sobre el fenómeno maras sirve para realizar crónicas sostenidas con declaraciones de distintos especialistas. Así mismo, también sirve para culpabilizar a personas y crear insostenibles enfrentamientos ante una situación que no forma parte de ningún imaginario sino de la realidad imperante que prosigue más allá del conflicto expuesto en el apartado anterior.
El respetable profesor Pegoraro, en declaraciones al diario La Nación dijo: "Sostener que puede haber maras en la Argentina es una vulgaridad”. En este sentido, la vulgaridad o mejor dicho, la banalización, es subestimar el fenómeno por las características argentinas.
Analicemos entonces los por qué de la refutación a las declaraciones específicas del profesor titular de la cátedra Delito y Sociedad de la UBA.
El tema de las maras hace eco en las sociedades de los diferentes países del hemisferio sur que deben estar alertas e informados acerca de un fenómeno en propagación que más allá de sus años, aún genera dudas, inquietudes, confusión y ciertos vacíos de conocimiento que cuando no profundizan el conflicto, lo banalizan. Razón por la cual, ser concretos y específicos al respecto es una necesidad imperiosa para no crear pánico colectivo y tampoco confrontaciones entre los investigadores.
La clave se encuentra en saber diferenciar entre pandillas y maras. Es decir, comprender que unas y otras si bien tienen características comunes, también tienen marcadas divergencias que marcan la sofisticación de las segundas como consecuencia de un trabajo logístico y estratégico vinculado a los grandes grupos del poder político y económico. Relacionadas al crimen organizado por ser parte natural del mismo o bien, por haber sido coptados y adiestrados en una decisión conciente por trascender la pandilla dedicada al narcomenudeo y a las disputas por la defensa del barrio.
Diferencias que parecen sutiles pero que establecen un parámetro de definición que marca los alcances de unas y otras. Con lo cual, las precisiones y el rigor en materia de investigación al momento de definir el objeto de estudio debe prevalecer para no salir al ruedo en los medios de comunicación denostando criterios y erigiendo argumentos que están basados en expresiones de deseo y no en análisis empíricos que vayan más allá de los conceptos teóricos.
Veamos, Argentina conjuntamente con Uruguay y Chile asisten a lo que se ha dado en llamar desde este espacio, estado embrionario de maras. Lo cual significa que hay pequeños brotes cada vez menos aislados de la existencia de pandillas preparadas para el delito que buscan superar su condición de simples chicos en banda.
Ahora bien, las diferencia socioeconómicas y socio históricas que Argentina presenta con el triángulo de los países centroamericanos más comprometidos con el fenómeno de las maras (Honduras, Guatemala, El Salvador) no impide que éstas puedan desarrollarse aquí con sus específicas construcciones. Ser maras nativas. Aunque tampoco es descabellado que frente a la negación embrionaria, mareros buscados por las fuerzas de seguridad que residentes de otros países arriben al nuestro para instalar células. Que atraigan a los delincuentes para conformar un grupo organizado con un líder internacional que trae consigo todo un bagaje delictivo signado por la excelencia maléfica.
Por lo tanto, la problemática de la inseguridad en Centroamérica y Latinoamérica debe pensarse globalmente y cuando alcanza delicados niveles de planificación, se debe pensar en la existencia de las maras y en el estado embrionario de las mismas. Se debe entonces escindir la palabra mara de la palabra pandilla e indagar en las sutilezas que hacen de estos dos conceptos, dos situaciones distintas que pintan el panorama de las fronteras y las calles.
Publicado por Laura Etcharren. en 10:33
Revelados
6 de junio de 2008
Las paradojas del conflicto gobierno/campo. Más, los revelados de siempre. “Los topitos”
Trascender Hamlet
Frente al conflicto gobierno/campo, el deslucimiento de la Argentina como país se visualiza en los diarios del mundo y en todas aquellas voces que se hacen eco de un conflicto que ya va por el día 87.
Intereses creados alrededor de un estado de situación que se profundizó con el correr de los días como consecuencia de la falta de creación de un espacio de diálogo coherente en el cual se puedan asentar los primeros lineamientos de una potencial resolución que saque a la sociedad de esta lamentable opacidad en la que encuentra sumergida.
Porque entre el gobierno y el campo se encuentran como rehenes los ciudadanos que asisten a las versiones contradictorias, a los discursos contrapuestos, a la indiferencia, a la ignorancia voluntaria, a la letanía programada, a las amenazas dementes, al peligro del estallido y a las imágenes que más que doler, revelan.
Revelan al ser humano en su esencia más pura y revelan por la indignidad que las mismas recrean. Es decir, mientras en Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, la Provincia de Buenos Aires, etc, las rutas están cortadas por el problema de las enquistadas retenciones, en el norte argentino, más precisamente, el paso que une Jujuy con Bolivia está cortado por el hambre. Entonces, por un lado tenemos las imágenes de la desnutrición y por otro lado las imágenes de un camión derramando leche. Acción que castiga la visual de los argentinos devenidos en meros espectadores de una tragedia que dejo a Hamlet en la historia del drama para imponerse como protagonista del latrocinio.
Un norte castigado y olvidado que parece, a veces, no formar parte de nuestro extenso territorio. Porción de nuestro país recordada, meticulosamente, por los narcotraficantes al momento de introducir la droga para posteriormente redistribuirla.
Funcionalidad y olvido aborigen
Provincias argentinas sometidas, en la plenitud de la modernidad y la globalización, a los padecimientos que no debiesen permitir los gobiernos de turno. Pueblos confinados al pauperismo de la ignorancia y a la no cobertura de sus necesidades básicas son subestimados por querer preservar su cultura originaria que no es más que la de conservar la tradición aborigen.
Y cuando no, son utilizados por gobernadores que bajo el simulacro de la sensibilidad, imparten discursos que los colocan en el epicentro buscando demostrar conciencia social. Esto que lo que hace Alberto Rodríguez Saá. Los recuerda por funcionalidad al tiempo que Urtubey los olvida por estar ocupado en el tema del campo. Urtubey en Salta, no hace más que demostrar sus vacíos de conocimiento y su infantilismo discursivo, apoyando lúdicamente el velo progresista a través de reconocimientos que desbordan de incoherencia.
Similar es lo que sucede con Capitanich en Chaco. Otra de las provincias castigadas por el hambre y la utilización de las comunidades aborígenes cuando son solamente necesarias.
Todos ellos son acomodaticios. Como Scioli. Quien prosigue su intenso camino para llegar a ser el mejor alumno de la Presidente. Que se vale de los pobres para explicar la catástrofe en materia de inseguridad de la Provincia de Buenos Aires.
Veamos, el problema agropecuario no abolió el resto de los problemas que azotan al país. Simplemente los tapo debido a las prioridades periodísticas. A la dinámica de la información que pasa por los cortes de rutas, los discursos oficiales y los anuncios de las bases. Además, claro está, de las compulsivas amenazas del piquetero Luis D’ Elía, alineado al kirchnerismo más allá de su impresentable forma de presentarse en los medios y de ser uno de los hombres que, dada las características presidenciales, nada tendría que hacer al lado de ella. Pero lo de D’ Elía no es más que una de las tantas rarezas visuales de este gobierno que encuentra su explicación en la consagrada selectividad de los derechos fundamentales así como en la “apertura mental” que vende carteles de construcción a partir de la diversidad y cuando ésta llega lo único que se generan son disputas y acusaciones de golpismo. Palabra que contribuye a agudizar el siglo del miedo, a confundir a las generaciones venideras y a alimentar un resentimiento que se aleja de la evolución Latinoamericana de la que se jactan.
La Ciudad de Buenos Aires no es una excepción a la regla. A pesar de Macri, la misma sigue poblada de delincuentes. De bandas y de potenciales maras que confirman el estado embrionario que desde hace más de un año se sostiene en este medio.
“Los Topitos”
A pesar de todo lo que sucede, la inseguridad prosigue curso natural ante la anomia vigente. Tanto es así, que las últimas noticias relatan el desbaratamiento parcial de “Los Topitos”. Una pandilla compuesta por menores de edad que en el transcurso de los últimos seis y ocho meses asaltaron, mediante la modalidad de boquetes, kioscos y otros negocios del Conurbano Bonaerense y la Capital Federal. Su “jefa” era una niña de apenas 13 años pero con un prontuario que nada tiene que envidiarle al de un delincuente de 18 años. Datos que revelan y que vuelven a poner en discusión la falta de dialéctica entre educación y familia. Aunque también, la crisis institucional y las teorías que aún abogan en la no criminalización de los menores y en la defensa de sus derechos más allá de las atrocidades cometidas. De este modo, los menores no son tomados como lo que son, delincuentes. Con lo cual, la benevolencia penal se convierte, en las mentalidades de ellos, en una invitación a seguir delinquiendo, dado que hasta el momento no hay instituciones ni centros de rehabilitación lo suficientemente preparados y capacitados para readaptar a estos jóvenes.
Por el contrario, se presentan ante el mundo con mayores armas delictivas y se amparan en la prédica evangélica de algunos especialistas en criminología y abogados que aún comulgan con un sistema que ha dado pruebas suficientes de ineficacia y proliferación de los chicos en banda.
Publicado por Laura Etcharren. en 17:04
Tiempos
28 de mayo de 2008
Observaciones sobre un conflicto que aflora la devaluación de los políticos.
Desde hace más de dos meses, la sociedad argentina asiste a un estado de situación que revela el caos y la descomposición en las distintas esferas de la vida como consecuencia de un gobierno que ha colapsado.
Y tanto es así, que el conflicto con el campo por el tema de las enquistadas retenciones ha terminado de desquiciar al país masivamente. Por hartazgo, por desacuerdo con alguna de las partes, por ignorancia o bien por malestar hacia las dos partes, los ciudadanos, como activos participantes de los hechos sociales urbanos y rurales estamos al pendiente del me dijo, le dije, le digo. Un síntoma propio del mundo artístico revisteril que se ha propagado al escenario político, evidenciando, entre otras cosas, la debacle de los políticos argentinos.
Bajo estas características, el escándalo, así como los dimes y diretes se debaten en la encrucijada creada entre el campo y el gobierno. Entonces, los tiempos de horror se agudizan prosiguiendo por un camino escudado en los aromas retóricos del progresismo. Aquel que no es más que un simulacro para coptar a los sectores más sensibles paralizados en el siglo del miedo que vinculan la palabra orden o cumplimiento de las normas con totalitarismo, fascismo, recorte de la libertad de expresión y otras situaciones que caen, inexorablemente, en un reduccionismo semántico. El cual, se haya fomentado por un discurso gubernamental funcional a esa sintomatología.
Razón por la cual, nada mejor que introducir en un comunicado de prensa la palabra golpismo. Nada mejor que demonizar al sector agropecuario y no atender al descalabro contradictorio que se ha gestado al interior del gobierno.
Un gobierno que finge compromiso social y que ante cualquier instancia que considere que lo estorba se vuelve demencialmente susceptible. A punto tal, de romper el diálogo y crear una zaga de encuentros y desencuentros. Aquellos que, en lugar de profundizar el bendito cambio del cual habla y se jacta la Presidente, profundiza la toma de rehenes de la cual somos víctimas los argentinos.
Porque ante esta problemática, si pensamos colectivamente, todos perdemos. Perdemos como país enrarecido con la supuesta acción evolutiva por la cual atraviesa América Latina. Damos la vuelta al mundo con tristes imágenes que reflejan el pauperismo mental que confunde terminologías.
Atendamos pues a la línea de pensamiento de una de las presencias impresentables del Gobierno Nacional. Intentemos internalizar, por algunos segundos, que toda persona que vista bien es oligarca. Concluiríamos así con que Cristina Fernández es oligarca. Por lo menos, eso debiésemos deducir al ingresar a la vorágine de entreverada lógica de Luis D’ Elía.
Hombre caracterizado por el uso de la fuerza física al momento de expresar sus descontentos y/o desencantamientos ante las situaciones creadas por la crueldad de las economías de mercado y otras barbaridades impuestas por el sistema capitalista. Además de sus incontinentes frases cargas de propias frustraciones.
D’ Elía, el individuo que ha encontrado dentro de la pobreza la riqueza de ser piquetero aliado al gobierno. Porque en Argentina, haber sido o ser víctima de algo o alguien muta en negocio. Más aún, cuando se acuerda con los grupos de poder que ingresan al campo de acción enarbolados en la defensa de los derechos fundamentales del hombre. Derechos que, por estratégica voluntad, son siempre selectivos y parciales.
Así es la Argentina de este tiempo. La Argentina cuya condición humana ha sido devaluada tanto desde el oficialismo como desde algunos estratos de la oposición.
Fundamentalmente, la del lado apocalíptico que entremezcla esperanza, la llegada del “mesías” y el acabose acompañado de estoicismo, con un devenir de la historia kirchnerista anunciado por la futuróloga Elisa Carrió. Quien recorre los medios de comunicación bajo estado de intensa conmoción y emoción, ya que siente que los parámetros de Arendt –los que se encargó de deformar- cobraron vida y sentido en el encuentro de Rosario. Lugar en el que ciertamente, la gente, se acercó de manera voluntaria y en el que se creó un espacio propicio para la interacción.
Del otro lado encontramos a Mauricio Macri preocupado y embarcado en un intento frustrado por mediar en el conflicto campo/gobierno. Macri, que debe luchar con los baches en las calles también debe afrontar sus propios baches de Jefe de Gobierno que adolece de claridad explicativa.
Que aún no ha comprendido que debe dejar a la señora Michetti abordar los temas de rigor político, puesto que es una mujer que posee un background y una estructura de pensamiento que no puede ser evaluada, como en el caso de Macri, como una herramienta más que la Presidente sume a su larga lista de subestimaciones.
Sucede, que desde la soberbia cultural y soltura lingüística calculada con la que se presenta en cada acto Cristina Fernández, se pone en juego el rigor y el poder de la palabra que tiene o no llegada.
Que puede acercar, mantener o alejar al público que espera soluciones y certezas. No vacilaciones. Tampoco vacíos enmascarados de seguridad en los tiempos modernos y globalizados.
En los tiempos en los que la violencia se apoderó de los grandes centros urbanos. En los tiempos de la devaluación de los políticos que no pueden crear un espacio propicio para debatir ideas productivas que trasciendan esa mesa de debate.
Tiempos en los cuales, los grupos humanos no aprovechan la diversidad para la construcción de un pensamiento crítico que salga de la opacidad de lo autárquico para forjar un intenso y fructífero devenir de la historia.
Publicado por Laura Etcharren. en 13:14
Mundo inhumano
20 de mayo de 2008
Los rehenes de la violencia. Un áspero recorrido por algunos de los lugares más castigados del globo.
Desde el paraíso de la crueldad individual se alcanza, por inexorables consecuencias, al colapso colectivo de las naciones en el marco de un mundo apoderado por la violencia que se revela contra las normas impuestas. Que se desata también ante la anomia o que surge por un estado de desestructuración de los usos y costumbres establecidos en un allá lejos y hace tiempo que se profundiza en la vorágine de los ritmos impuestos por la globalización, asistiendo a la visualización de imágenes que alarman por su contenido sangriento y por una alevosía descomunal.
Entonces, mientras la puja por el control del poder prosigue su curso, las distintas poblaciones son actores pasivos y activos de un extenso escenario sembrado de cadáveres que han sido rehenes del exterminio por causas que versan entre el ajuste de cuentas, las guerras del narco, los robos, los asesinatos por los asesinatos mismos o bien, los asesinatos para alcanzar un lugar en una pirámide conformada por individuos que escalan posiciones primando los fines y no los medios.
Bajo estas características y atendiendo a la intolerancia emergente, la miseria humana en los distintos campos de interacción se hace presente para mostrarle al mundo los instintos más bajos. Tanto es así, que recorriendo el globo nos encontramos con el tiempo del horror en su máxima expresión.
La prolongación del siglo del miedo es innegable.
El siglo XX se extiende con ferocidad impidiendo el paso ya no cronológico sino práctico del siglo del perdón. Aún se ensamblan las expresiones de deseo de la llegada de una etapa esperanzadora como es la de éste siglo que parece nunca terminar con una realidad distinta. La cual, terminó siendo una secuencia de estadíos de dolor y desesperación, tal como lo explica el sociólogo Wolfgang Sofsky.
Actos inhumanos son partes integrantes de una cotidianeidad prácticamente naturalizada por las sociedades que no encuentran ni consuelo, ni contención en los abúlicos y retardatarios gobiernos de turno que enmascaran los hechos objetivos y persistentes con simples situaciones aisladas.
Los acontecimientos ocurridos en Sudáfrica desatados a raíz de la presencia de inmigrantes son la prueba de la ausencia de leyes migratorias así como de la lógica del despojo por la que atraviesan países que terminan por expulsar a sus residentes nativos a países de otros continentes. Familias enteras que deben huir del pauperismo así como del terror que han generado los escuadrones de la muerte, los narcoterroristas y las maras.
Grupos organizados convierten en marginal a la Nación que habitan.
Razón por la cual, la salida a buscar amparo en otro lugar es un efecto inmediato que puede ser recibido por los habitantes del nuevo lugar de diversos modos. Sea con contemplación ante la barbarie que los llevó a exiliarse o con el desborde que produce la xenofobia como sucede en Johannesburgo donde grupos de jóvenes armados con pistolas, fusiles, armas blancas y otros elementos de ataque, arremetieron contra inmigrantes asentados en el llamado barrio negro.
Incluso, los alcances de la violencia llegaron a puntos macabros que tienen que ver con la quema de extranjeros vivos.
Por otro lado, la violencia en el Tibet o el Darfur son otros de los ejemplos de los sucesos más destacados en materia de inseguridad en los distintos puntos continentales.
Lugares en los cuales, la matanza de personas ha devenido en una lamentable pero cierta práctica común. En algo natural como dice Bernard-Henri Lévy en un acertado artículo publicado el 17 de abril de 2008, en el N° 1857 de Le Point.
El conflicto de Darfur es apenas mencionado en América Latina. Parte de América que se encuentra ocupada en asimilar los frustrados intentos de evolución. Que debe asimilar el ingreso del crimen organizado. Además, claro está, de un estado embrionario de maras que busca materializarse ya sea, desde la propia organización o desde la importación de sujetos que extienden sus redes mediante la narcoinformación que ha captado que son varios los territorios latinoamericanos liberados al asentamiento del terrorismo.
Ahora bien, volviendo a Darfur, la misma es una región ubicada al oeste de Sudán que atraviesa por una contienda humanitaria interétnica catalogada por periodistas y especialistas en enfrentamientos armados como el primer genocidio del siglo XXI.
Todo se desata, en primera instancia, por la competencia por controlar los escasos recursos de la zona. Recursos que en los últimos decenios escasean más, debido al considerable aumento demográfico y a las condiciones climáticas adversas.
Durante las décadas del ‘80 y del ‘90 se produjeron varios enfrentamientos entre las poblaciones negra y árabe. Enfrentamientos que con el tiempo y hasta la actualidad están empapados de intereses políticos y económicos, no blanqueándose las cantidades de muertes producidas. No se cuentan los homicidios, como bien lo dice el especialista francés, ni por decenas ni por centenares. Se esconden, mafiosamente, las cifras que evidencian el atroz estado de vida por el que atraviesan esas poblaciones que para muchos, se encuentran demasiado alejadas.
Allí los habitantes mueren en masa porque además, Darfur, es un lugar olvidado. Un lugar tal vez desconocido para algunos indiferentes que en su panóptico solo perciben lo cercano e inmediato.
Sin embargo, en la trágica región de Darfur se cometen temibles violaciones a los derechos fundamentales del hombre. Violaciones que ultrajan la condición humana.
“Reservas de supervivientes tratados como el ganado; la violación de las mujeres y niñas” son apenas algunos episodios del latrocinio vivenciado.
Caminantes fatídicos recorren, en búsqueda de alguna protección, esas tierras destruidas que son testigos de los crímenes más cruentos y espeluznantes. De este modo, la violencia en todas sus manifestaciones, transforma la esencia del hombre que se encuentra a la espera de lo peor. Aguarda, el devenir de la historia, en alerta y en estado naturaleza frente a los estímulos asimilados de este mundo inhumano.
Publicado por Laura Etcharren. en 10:19
Los Freegans
5 de mayo de 2008
Contra el materialismo y los usos del capitalismo, el cliché del amor y paz.
Desde el constante lamento por los parámetros de vida impuestos en esta sociedad moderna y contemporánea regida por el sistema capitalista, emergen diversos grupos que buscan sobresalir mediante formas de actuar, pensar y sentir distintas a las del común denominador.
Grupos antagónicos a nivel social que nada tienen que ver con las pandillas o las maras. Son, en realidad, Tribus Urbanas o bien, simulacros de comunidades que pretenden cambiar el mundo globalizado con el cliché de paz y amor.
Desencantados del mundo y abúlicos hacia todo aquello que no forme parte de sus contextos, los grupos organizados en tribus y/o comunidades llaman la atención no solo por su estética sino también, por sus declaraciones. Aquellas que descansan en una retórica ciertamente melancólica y distante de los discursos gubernamentales y por supuesto, de los individuos embarcados en la vorágine de un capital cultural y simbólico que se adapta a las construcciones de sentido que les permiten no quedar relegados. Es decir, fuera del sistema.
Los freegans no son individuos provenientes de sectores pobres, tampoco son individuos medianamente desprovistos. Son, sin duda alguna, individuos auto convocados a la marginalidad. Porque detrás de un discurso con características revolucionarias que encierra una premeditada pero ficticia lógica del despojo personal, existe una tendencia sostenida a la diferenciación como consecuencia del hastío que produce la quema de etapas.
Personas, en su mayoría adolescentes, que portan un bagaje sobrecargado de vivencias que no atienden a los tiempos naturales. Razón por la cual, la búsqueda de nuevas experiencias se convierte en una necesidad imposible de evadir al interior de un universo de significados signado por edificaciones contestarias frente al orden social establecido.
Bajo estas características y a modo de protesta, los freegans comen de la basura que noche tras noche arrojan las grandes cadenas de supermercados así como los locales de comidas rápidas y casas de familias.
Rebeldes en su manera de presentarse ante el mundo, se oponen al materialismo, la apatía social, la competición, la conformidad y la codicia.
Se embarcan en la constitución de un mundo menos peor actuando de forma absurda. Emulando ser pobres. Imitando los tristes paisajes que pueden divisarse mundialmente. La de hombres y mujeres, sin límites de edad, revolviendo la basura por verdadera necesidad. Aunque también es cierto que dentro de lo que son los parámetros de la pobreza, existe la elección.
O sea, el trabajo de campo ha demostrado que personas, por ejemplo, en situación de calle no quieren trascender esa condición. Se resisten al progreso y prefieren, por causas fundamentalmente psicológicas, a continuar viviendo en la indigencia ya naturalizada.
Ahora bien, el caso de los freegans es entonces un estilo de transitar que a su pesar, nos los aparta del capitalismo que tanto repudian. Los coloca, simplemente, en una subglobalización dentro de una economía de mercado en la cual, la utopía de las comunidades solo tiene cabida en el imaginario de sus integrantes.
La palabra freegan deriva de free (libre) y vegan (vegetariano). Se denominan “Vegans” aquellos que evitan pues, el consumo de productos de origen animal o productos experimentados en animales en un esfuerzo por evitar causarles daño. (http://www.freegan.info/)
El movimiento de los freegans surge hace varios años y reúne ecologistas, antiliberales y consumidores renegados. Se instala en Estados Unidos, Australia y el Reino Unido.
Se consideran defensores de la ecología al tiempo que se contaminan con los residuos que forman parte del panorama callejero de New York. Recolectan alimentos que dicen estar en buen estado para así llenar sus despensas y refrigeradores.
Contra el consumismo que dicen que es ilimitado y que atenta contra el “verdadero progreso” conforman otra de las tantas subculturas que se han creado en respuesta a los hechos sociales y urbanos de los últimos 50 años.
En grupos o de manera individual, los freegans visten ropas usadas y con ellas pululan por las calles de los países que los cobijan intentando demostrar que se puede vivir sin dinero. Que los seres humanos se pueden alimentar de lo que portan las enormes bolsas de residuos negras y que lo material solo forma parte del maldito fetichismo de la mercancía.
No obstante, son variados los vacíos que aparecen en la teoría de un movimiento ecléctico en el cual, no faltan los "intelectuales". Los cuales se resisten contundentemente a la mundialización -como diría el sociólogo Anthony Giddens- introduciendo una especie de mecanismo de trueque no tan primitivo pero que resalta la postura de anticonsumo sobre la cual se enarbolan y jactan.
En sus declaraciones resaltan estar bien asesorados pero empíricamente se comprueba que la mayoría de los alimentos ingeridos están vencidos. Son, en definitiva, lumpens por elección que rechazan el techo de los shoppings y que se resisten a comprar. Incluso, algunos de ellos, también a pagar los servicios que utilizan. Por tales motivos, terminan en las calles o bien, viviendo en condiciones de campamentos que distan de ser, las comunidades entendidas allá lejos y hace tiempo.
Publicado por Laura Etcharren. en 16:18
Embriones y maras
28 de abril de 2008
La potencialidad de las maras en Perú ante las débiles políticas de estado.
Más, la expansión de las maras por todo el continente.
Lazos regionales
A partir de las diversas concepciones acerca de la izquierda en América Latina se plantea el mapa político y social de la región. Se entablan pues, relaciones con otros países del viejo continente y se llevan adelante alianzas con países americanos conforme a la funcionalidad de las ideas y a las perspectivas de regímenes que se tengan.
Argentina, por ejemplo, encontró su brazo principal en Venezuela y Bolivia. Dos referentes poco afortunados para llevar adelante un desarrollo que a su vez, contenga evolución. Razón por la cual, pensar Argentina en términos de crecimiento sostenido a nivel sociedad se vuelve una película de ficción en la cual, ideas tales como la despenalización del consumo de droga solo nos conducen al retroceso en el marco de una carrera vertiginosa.
El problema de la droga en nuestro país y el mundo es uno de los grandes disparadores de la inseguridad. No solo desde el consumo sino también, desde el tráfico para asegurarse la contención del poder. Ocurre, que la droga, ha devenido en una cuestión ideológica que no entiende de clases o estratos sociales. Veamos, el consumo es el mismo, lo que cambia es lo que se consume. Y la calidad de la sustancia.
Con todo eso, la creación del crimen organizado, los escuadrones de la muerte, el narcoterrorismo, las maras y las pandillas son factibles y hasta naturales como consecuencia de la complacencia legal vigente.
Embriones en Perú
Perú no escapa a la situación de inseguridad.
De hecho, ya son varios los especialistas en seguridad de los países del sur que alertan sobre el estado embrionario de maras y su posible materialización. Sucede en Uruguay. En Brasil con mayores índices de violencia debido a la existencia de favelas y cárceles en condiciones de pauperismo y desde donde se dirigen algunas operaciones externas. Pero volviendo a Perú, el tema no deja de ser menor.
Gabriel Prado, -experto en seguridad- advirtió que de no aplicarse en tal país una red social, policial y judicial con adecuadas políticas que permitan hacerle frente a la delincuencia juvenil "en un futuro próximo llegaremos a los niveles de delincuencia de las maras o pandillas criminales organizadas imperantes en Centroamérica". (Diario El Comercio; 21/04/08)
Perú es un país en el cual, la portación de armas de fuego se ha convertido en un hecho natural pero que en combinación con el uso de estupefacientes es altamente peligroso para la seguridad ciudadana, ya que ambas conforman el común denominador que posee el crimen organizado, las maras y las pandillas juveniles.
A todo esto, debe sumársele la relación que mantiene con Bolivia en materia de narcotráfico. Una relación que no es inocente. Fundamentalmente, en lo referente a la cultivo y distribución de coca a los países del sur del continente y otros.
Pero Perú tampoco es ajeno al tráfico de personas que maneja el crimen organizado. De hecho, asiste a un estado de situación complicado que revela, entre otras cosas, el colapso americano.
Recordemos que según fuentes, cuando sucedió el asesinato de Eugenia Ledesma en el partido de La Matanza –Argentina, Provincia de Buenos Aires-, “el lágrima”, su asesino, buscó refugio en tal Nación, dado que allí han aparecido los primeros síntomas de los modos de actuar de la Mara Salvatrucha.
Por tales motivos, lejos se encuentra Perú de ser un país con sensaciones de inseguridad. Independientemente de ser parte del grupo de los países del continente en el cual el estado de maras no es reinante pero sí embrionario.
Márgenes del conflicto
Honduras, Guatemala y El Salvador atraviesan por un momento crítico en lo que al tráfico de drogas, armas y personas concierne.
Se manejan cifras que rondan las 500.000 personas de tránsito ilegal por año que buscan a llegar a Estados Unidos y/o Europa. Y como la anomia es tal, la movilidad versa entre la tierra, el aire y el mar.
“El crimen organizado es el que dirige el tráfico y la trata de personas que vienen desde Sudamérica y el Caribe (…)” (Mario Zamora, Director de Migración de Costa Rica)
Además, otros espacios que veían el fenómeno de las maras como a una instancia ajena comienzan a observar como la existencia de estas pandillas cada vez más vinculadas a las mafias del narcotráfico forman parte de sus sociedades modificando la construcción de la subjetividad de los individuos, generando un estado de alerta permanente que pone en jaque el orden social establecido.
Sucede en Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Y hacen un profundo semillero en el sur de México provocando un amplio llamado de atención en las autoridades del resto de las naciones de la región.
Porque cada vez más, la presencia de las maras es un hecho que se asienta ante la precariedad práctica y teórica así como ante la confusión que muchos periodistas plasman en cientos de páginas de diarios y revistas entre estas agrupaciones y las tribus urbanas.
Desconocer en estos momentos que las tribus urbanas requieren de otro nivel de análisis es una fatalidad que complica intensamente el panorama de los ciudadanos y de las autoridades gubernamentales. Genera confusión y con ello, tal como se sostiene desde hace tiempo en el blog, se crea un espacio altamente propicio para su conformación o bien, su importación. La cual, tiene el plus de otra idiosincrasia. De otros métodos criminales que son una consecuencia más de los procesos históricos y de los hechos sociales y urbanos que acontecieron en otras partes del mundo.
Individuos que al ver despejado el campo de acción, ingresan con todas sus cargas logísticas y adiestramiento táctico y estratégico propio de los usos y costumbres delictivos aprendidos en sus países de origen. No obstante, también existe un tráfico de información que los abastece, en el caso de pertenecer a un país de precaria milicia, de las últimas herramientas en boga en materia perfeccionamiento en el arte de la guerra.
Es decir, las márgenes del conflicto de la inseguridad se han propagado por el mundo. Las maras no solo forman parte de Centroamérica y sientan las bases de su potencialidad en América Latina. Las maras, también cohabitan con individuos que integran las sociedades del primer mundo con la diferencia que allí, no se llaman maras a pesar de poseer características comunes.
Lo que más se aproxima a ellas son Los Ñetas y Latin Kings en España. Sin embargo, en la actualidad, estas bandas se encuentran en el medio de lo que es una pandilla propiamente dicha y una mara con sesgos de mafia terrorista. O sea, se encuentran escalando para ser respetados dentro de lo que es el delito a gran escala y se acomodan en los que se considera la estructura jerárquica piramidal.
Razón por la cual, la realidad no es alentadora y mucho menos lo es el futuro. Más aún, cuando cada día el problema de las maras resuena por su expansión y no por su erradicación.
Y a todo esto, se suman los analistas que adhieren a las teorías que consideran que el terrorismo prolifera indiscriminadamente por ser una manera distinta de hacer política.
Publicado por Laura Etcharren. en 18:34
