El show de Zelaya

6 de julio de 2009

La situación en Honduras y las relaciones que reflejan la fragmentación de la región.

A partir de la emergencia en materia de inseguridad que existe en el continente americano y frente a los desaciertos sostenidos para frenar la violencia que se ramifica en las diferentes esferas de la vida, el epicentro de contenidos ambiguos que vuelve a mostrar la tragedia de la política se ubica en Honduras.

Uno de los países en riesgo por la penetración del narcotráfico internacional que se suma a los narcos locales hasta conformar un estado de situación caracterizado por una guerra que hoy se descubre y televisa, revelando el entramado de relaciones internacionales que existe en la región.

Desde una apuesta a la cubanización y/o chavización de América en materia política que alcanza a una centroamericanización latinoamericana en el manejo de la seguridad, los gobiernos buscan acomodarse, en la mayoría de los casos, en la perpetuidad mediante la reformulación de las constituciones. Con lo cual, la falta de pluralidad y la agenda diagramada desde lo unipersonal son características que contribuyen al incremento de la violencia que hoy atraviesa, en el caso particular hondureño, su punto más álgido.

Como país integrante del Triángulo Mara Centroamericano, junto a Guatemala y El Salvador, Honduras se debate entre una democracia que revela la crisis por la que atraviesan los sistemas de partidos y un “Golpe de Estado” que tiene distintas lecturas a nivel internacional.

Lo cierto es, que la existencia de las Maras y el pedido de militarizar las calles de algunos sectores de la sociedad han sido, entre otros factores, algunas de las causas que mostraron las debilidades y la corrupción al interior del gobierno de Manuel Zelaya. Un gobierno que ha fracasado, al igual que el resto de los países afectados por las narco maras, en todas las políticas de erradicación e inserción social de los miembros de pandillas que mutaron a maras.

Fracaso que se debe a la relación de estas bandas criminales con los grandes grupos del poder político y económico; a la complicidad existente entre ellos; y al problema que también se observa en Argentina que tiene que ver con una policía o fuerzas de seguridad digitadas por la manipulación de la delincuencia que se encuentra al interior de tales organizaciones.

Con lo cual, el conflicto en Honduras afecta, necesariamente, a todos los países continentales. Porque frente a la negativa del retorno de Zelaya al país, el asilo en El Salvador no es un dato menor. Por el contrario, marca el vínculo con el Presidente Funes que conduce un país con características socio históricas similares a las de Honduras y que incluso atraviesa por uno de los momentos más críticos en su vínculo con la inserción de los carteles de la droga mexicanos extendidos en el triángulo y el descontrol que ello conlleva para la exaltación de los mareros.

Además, la presencia de figuras como la Presidente de nuestro país y la actuación del Presidente de Venezuela terminan de enmarcar la fragmentación de la región, así como la obsecuencia por demostrar un compromiso democrático y de derechos humanos que parece solo tener cabida bajo el velo progresista.

Por otra parte, la situación que se vive en Honduras ha servido para hacer un show televisivo que podía verse por la CNN y otros tantos canales. Un reportero de TELESUR entrevistaba a Zelaya desde el avión que se había convertido en el escenario de una obra tragicómica que ponía de manifiesto la importancia que los medios de comunicación tienen en todos los hechos políticos y sociales.

Se observa, como a través del relato, y de las preguntas y respuestas sostenidas en la imagen aérea, se puede hacer de un “Golpe de Estado” para muchos dudoso, un show mediático en el cual, los presidentes más controvertidos no han dudado en participar, incitando, aunque se lo niegue, a aumentar la violencia en las calles que se debaten entre los activistas de Zelaya, los opositores y los militares.

Entonces, esa duda que gira alrededor del Golpe adquiere mayor consistencia al presentarse, el presidente “boicoteado”, en un diálogo nada improvisado que buscaba la trascendencia a través del armado de un libreto que le quita seriedad a los verdaderos Golpes de Estado. De ahí, el rigor analítico del auto golpe.

Por su parte, el Presidente de Brasil en una postura más moderada y pensante, se ubica en un punto medio de la situación. Y analiza, en una entrevista a la BBC, los hechos expuestos. Interpreta que si bien es un derecho de Zelaya volver a Honduras por haber sido un presidente electo democráticamente, también es cierto que el intento del regreso fue precipitado. Más aún, cuando tras el golpe, Honduras fue suspendida de la OEA. Aclaró que Brasil no se ofrece para mediar en el conflicto y agregó que: “para que el mediador "tenga legitimidad", debe ser convocado por las partes involucradas y en su opinión, el mejor mediador para esta crisis es la OEA”. (http://www.bbc.co.uk/mundo/america_latina/2009/07/090706_1330_entrevista_lula_honduras_med.shtml)

Finalmente, mientras se mediatiza Honduras y Zelaya adquiere mayor notoriedad como actor que sobrevuela su país que como presidente, el caos persiste entre los hondureños y la posibilidad de extenderse la violencia es inminente.

Cubanización de América

29 de junio de 2009

Un panorama infantil violento lo largo del continente americano que se debate entre la crisis política y la inseguridad.

Generalidades

A partir del irrefrenable proceso de violencia mundial, las condiciones de vida que trascienden la economía son cada vez más paupérrimas. Con lo cual, el reacondicionamiento de los parámetros de normalidad se complica hasta presentarse como un concepto límite funcional a la extensión de estado de excepcional.

Un escenario caótico atravesado por la anomia y la indiferencia.

Encontramos a niños pandilleros, mareros, soldados, narcos en ascenso y miembros de los ya instalados carteles de la droga. Pero también, están los menores que no forman parte de ninguna de estas agrupaciones y que son sometidos al maltrato que los lleva al despojo de la familia como célula de la sociedad.

Bogotá es uno de los principales centros urbanos que no oculta la barbarie infantil. Que informa, a través de los medios de comunicación, el horror que padecen cotidianamente niños y niñas víctimas del abandono, del abuso sexual y el maltrato al interior del seno familiar.

Niños alineados
15, 14, 13 y 12 años. De mayor a menor y desde la más temprana edad experimentan el abuso como regla, la lógica del despojo de la inocencia y la ignorancia de los Valores Perennes que no les son enseñados y transmitidos. Es por ello, que bajo estas características se forman en el resentimiento y desarrollan una mentalidad que desencadena en un sentimiento de venganza.

Buscan, a través del vínculo con el poder mafioso, ocupar un lugar. Establecer un sentimiento de pertenencia que los haga formar parte de algo que los coloque en un espacio protagónico, aunque más no sea, el narco criminal. Así se convierten en asesinos que son tomados por algunos gobiernos como víctimas del sistema y no como victimarios, colocando una vez más en la mesa de debate la institucionalización de leyes que tengan que ver con la relación entre crimen y castigo en el rango de la minoridad.

Centroamérica, fundamentalmente en su triángulo de maras (El Salvador, Guatemala y Honduras) y Latinoamérica en su triángulo embrionario marero (Argentina, Uruguay y Chile) encarna una realidad que tiene que ver, entre otras cosas, con niños que son víctimas de otros niños. Porque encontramos que en la marginalidad y en la crisis al interior de las familias se desarrollan situaciones de desamparo que son percibidas por los chicos insertos en el terrorismo y más aún, por los individuos que manejan los hilos del poder del narcotráfico, como funcionales al crecimiento y a la ramificación del tráfico de personas, droga y órganos.

Se usufructúa del riesgo social por abulia para crear nuevas células delictivas conformadas por menores impunes en sus distintos formatos bajo el común denominador de la violencia. Un escenario en el que la tragedia de la moral y los valores se profundiza a medida que las fronteras se vuelven más permeables permitiendo que las naciones se rieguen del caos que genera la penetración de los carteles de la droga.

El caso de Honduras
Honduras, como país integrante del triángulo mara encuentra jaqueada su seguridad doblemente. Por un lado, las constantes operaciones conjuntas de las maras y los narcotraficantes y por otro lado, la crisis del Gobierno de Zelaya que termina con un Golpe de Estado. No obstante, algunos especialistas internacionales residentes en dicho país hacen referencia a un auto golpe para intentar evadir la ineficacia del gobierno y el aumento de la violencia.

Sucede, que al igual que muchos países del continente, la reforma de las constituciones es una tendencia que se viene dando desde hace algunos años con el fin de renovar mandatos hasta lograr perpetuarse en el poder. Algo que Manuel Zelaya, siguiendo el modelo de Chávez en Venezuela, parece haber barajado en su círculo político más mediato.

Se busca, a través de la victimización de los oficialistas escudados bajo el velo progresista o popular, llevar el caos de arriba hacia abajo. Movilizar a los estratos sociales más bajos para enfrentarse con las fuerzas de seguridad profundizando el deterioro social y no el cambio como se pretende instalar.

Entonces, alterando ficticiamente las democracias a nivel político y consolidando la barbarie para nutrir a los grandes grupos del poder económico y político, la región se divide en materia de inseguridad en la centroamericanización latinoamericana y en materia política se la conduce a la cubanización americana.

Entrevista Maras para Revista Rosario Express

8 de junio de 2009

Por: Danisa Primo para Rosario Express
http://www.rosarioexpress.com/

“En Argentina no hay maras organizadas, pero existe un estado embrionario o larval de formación” sostiene la socióloga Laura Etcharren, autora del libro “Esperando a las Maras” próximo a publicarse.
Estas bandas, muy conocidas en Centroamérica, son grupos violentos integrados en su mayoría por jóvenes vinculados a las drogas, a los asesinatos por encargo, a la lucha entre bandas, al delito y al tráfico de personas.

“El término mara proviene de la hormiga marabunta, una especie que arrasa con todo lo que
encuentra a su paso”
, explicó a Rosario Express esta estudiosa del fenómeno.
“La teoría que sostengo –agregó– es que en Argentina no hay maras pero si hay un estado
embrionario o larval para que se formen. Son pequeños brotes que, frente a la negación que hay acerca de la inseguridad, se van a ir regando y se van a convertir en lo que sería la estructura definitiva de las maras en Argentina”.

– ¿Por qué podría pasar esto?

Hay chicos que están en la calle y que son un blanco perfecto para los narcos. En Argentina
hay una intensa penetración d narcos y de carteles de la droga gracias a la permeabilidad
de nuestras fronteras. Sin ir más lejos, en muchos campos, incluso en Santa Fe, llegan aviones
con droga. Los narcos buscan captar a estos chicos que pertenecen a bandas, como por
ejemplo La Favella o Ninios Populares de Rosario para alinearlos y adiestrarlos.

– ¿Es un tema excluyente de clases sociales?

Algunos de los chicos que conforman estas bandas son emergentes de la pobreza y la marginalidad, pero otros no. Reducir el problema de la conformación de las bandas y las pandillas a los pobres es un error que impide mejorar el problema de la inseguridad en Argentina.
Los pobres se han convertido en una herramienta funcional de campaña que a la oposición
le viene fantástico y el oficialismo lo toma como que delinquen porque tienen hambre. Muchos
de estos chicos tienen la cabeza limpia como para poder asimilar las tácticas y estrategias que les enseñan los narcos, o enmuchos casos policías o ex policías corruptos, porque los embriones de las maras también están dentro de la policía, sobre todo, de la bonaerense.

– ¿Cree que hay conciencia acerca de esto?

– Hay una tendencia a negar el problema pero Argentina, lamentablemente, conforma el Triángulo Embrionario Latinoamericano de maras junto a Uruguay y Chile.

– ¿Uruguay y Chile están en una situación similar a la nuestra?

– Están en un estado embrionario. Después está el triángulo centroamericano de maras conformado por Honduras, el Salvador y Guatemala, donde sí están las verdaderamente vinculadas al crimen organizado y al narcotráfico.

– ¿Cómo se conformaron?

Cuando se producen las guerras civiles en Centroamérica. Muchos jóvenes se fueron a Estados Unidos o a México pero luego fueron deportados a sus lugares de origen donde se encontraron en una situación demayor marginalidad social. A ellos se sumaron jóvenes de sectores marginales que conformaron una amenaza de un alto grado de violencia. Se agruparon básicamente en La Mara Salvatrucha 13 (MS 13) y la Mara 18, por el nombre de las calles donde se asentaron.
En Latinoamérica, las condiciones socioeconómicas e históricas son distintas.
Nosotros tenemos pandillas con características locales pero también con características importadas. Pero además, Argentina, se vuelve un espacio propicio para que aquellos mareros que ya no pueden estar en sus países de origen como El Salvador, Honduras, Guatemala o Nicaragua, vengan a la Argentina a crear sus propias células.
Los controles migratorios en Argentina son nulos.

– ¿Cuál es la diferencia entre mara y pandilla?

La diferencia básica es que las pandillas luchan por la defensa del barrio. Se relacionan con lo que tiene que ver con el narco menudeo o con los delitos “menores”. Las maras son mucho más sofisticadas, tienen una infraestructura superior porque están vinculadas
a los grandes grupos del poder político y económico de cada país. Están vinculadas a los narcos que han trascendido el barrio para empezar a luchar por la frontera y dominar el narcotráfico.

El "éxtasis" del poder

22 de mayo de 2009

Fronteras permeables en el triángulo embrionario de Maras.

Desde la opacidad que genera la inseguridad, las sociedades latinoamericanas se han convertido en espectadoras de un panorama desolador manejado por los hilos del narcotráfico. El cual, se ha insertado en el continente frente a la permeabilidad de las fronteras y al implícito consentimiento que se vislumbra en la abulia gubernamental que genera, además, un fortalecimiento de los carteles internacionales que encuentran en el sur un espacio propicio de narcótica evolución.
Por eso encontramos, en el “éxtasis” del poder, el deterioro social.

Porque lejos de evolucionar, América Latina, fundamentalmente el triángulo embrionario de Maras (Argentina, Uruguay, Chile), retrocede. Se evidencia, que lo que se profundiza, no es un cambio positivo sino la degeneración del sistema. De ahí, que el cultivo del crimen organizado sea una práctica cotidiana que forma parte del universo de significados que Latinoamérica construye en sus más insólitas relaciones.

En sus arribos más temidos y en una propia formación de bandas mafiosas que se entremezclan con lo que se importa, así como con una localidad delictiva típica de las actuales condiciones socioeconómicas y culturales.
Bajo un discurso complaciente frente a los rencores arrastrados del pasado y una selectividad atroz al momento de definir norma y orden, los argentinos somos rehenes de los brotes pandilleros en estado larval con visión a la futura consolidación de Maras.

Se exhibe, con desparpajo, la opulencia de los Narcos que han trascendido las villas o los barrios marginales para insertarse en los grandes centros urbanos y realizar así, tal como se dice en la jerga, “las transas”.

Desde la distribución a gran escala que comienza en el Norte hasta el tráfico vinculado al narcomenudeo, se atraviesan distintos puntos estratégicos que hacen de la Argentina, el país del triángulo más expuesto en materia narcoterrorista.
En ese sentido, la línea que divide a la Capital Federal de la Provincia de Buenos Aires es cada vez más delgada y puede conjugarse con un paisaje estético y físico que determina un nuevo modo de percibir las formas de actuar, pensar y sentir de las emergentes generaciones de chicos buscados por los narcos para ser alineados en estratos inferiores de la pirámide criminal. Individuos que les sean funcionales para construir un cuerpo armado y organizado con nuevos cerebros que aún, no estén devorados por el consumo, por ejemplo, del paco.

Uruguay, otro de los vértices en jaque, atraviesa uno de los períodos más comprometidos en materia de inseguridad que lleva a los especialistas del país a ver cada vez más cerca la materialización de las Maras.
El deterioro de la ética de la moral y los valores, debidamente tratada por Nicolás Maquiavelo, y el controvertido estado de naturaleza pos moderno, revelan la centroamericanización latinoamericana atravesada por la barbarie que la anomia produce en cualquier país del globo.

Sin criminalizar a los pobres y comprendiendo que el estado excepcional no distingue estratos sociales, los menores criminales avanzan porque no encuentran un freno a su acción. Un límite, que está dado por la ley.
Entonces, desde los imaginarios, el acto está legitimado y la prórroga para el progreso se extiende al igual que la necesaria, aunque prácticamente inexistencia, dialéctica familia/escuela.

Entrevista: Violencia bajo la piel

28 de abril de 2009

El fenómeno centroamericano de las pandillas conocidas como Maras aumenta día a día y su notoriedad ya creó un conflicto sobre su existencia en estado larval en países como Argentina, Uruguay y Chile. Una realidad que va unida al empobrecimiento de la sociedad y al avance del narcocrimen organizado. Observador Global entrevistó a la socióloga Laura Etcharren, autora de Esperando las Maras, estado embrionario en Argentina.
http://observadorglobal.com/violencia-bajo-la-piel-n554.html

El miembro de una Mara es detenido en El Salvador - AP
Hablar de Mara es hablar de un grupo organizado. Es hablar de un conjunto de jóvenes que no tienen oportunidades laborales, educación y, muchas veces, ni familia. Es la Mara la que va a recibir al nuevo como un miembro del clan. La pertenencia a este grupo es de por vida y la única forma de salir es la muerte.
Las Maras son un caldo de cultivo para el crimen organizado que los usa para realizar acciones delictivas que van desde robos menores a acciones de tipo comando. Pero con el tiempo las Maras pasaron de estar en los márgenes de la delincuencia a ser el centro mismo de todo lo relacionando con el narcocrimen organizado.
Hablar de Mara es hablar de exclusión social y pobreza. Todos sus miembros provienen de familias sin recursos, hijos de matrimonios desintegrados con profundos episodios de violencia intrafamiliar. Pocos van a la escuela y los que fueron la abandonaron en algún momento para formar parte de una pandilla.
Hablar de Mara es hablar de violencia. En forma rápida los chicos que se suman a la estructura aprenden que la violencia es una herramienta válida de la que siempre se valen sus mayores para conseguir lo que necesitan para sobrevivir.
Las Maras son un subproducto de la transculturación centroamericana que tuvo como punto de partida la migración masiva de personas iniciada en la década de 1970.
El modelo económico y la guerra de El Salvador hizo que cientos de jóvenes intentaran emigrar a los Estados Unidos, pero la deportación o la falta de oportunidades hicieron que el regreso los encontrara en una situación de mayor marginación social. A ellos se sumaron jóvenes de sectores sociales marginales de El Salvador, conformando una amenaza de alto grado de violencia. Básicamente se agrupan en dos grandes pandillas: La Mara Salvatrucha 13 (MS 13) y la Mara 18, por el nombre de la calle donde se asentaron.
En junio de 2003 el presidente salvadoreño, Francisco Flores, puso en marcha el Plan Mano Dura por el que se detuvo a más de tres mil integrantes de diferentes Maras. Por su parte el envío de presos, que no habían terminado de cumplir con su condena en los Estados Unidos, redujo costos y liberó espacios en sus cárceles pero convirtió en un problema mayor al llamado Triángulo Mara Centroamericano. Jóvenes sin futuro que son captados cada vez desde más chicos, tatuajes que representan la pertenencia, criminalidad, falta de oportunidades y violencia. Las Maras bajan hacia el sur del continente y ningún gobierno está haciendo nada.

¿De dónde viene el término Mara?
El término Mara proviene originariamente de la hormiga marabunta, una hormiga que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Bajo esa forma de acción, las Maras han ido devorando generaciones de chicos desde la más temprana edad. No sólo matándolos sino también sometiéndolos al pauperismo de un submundo que se encuentra relacionado con el narcotráfico y el narcocrimen.

¿Dónde y cómo aparecieron?
Aparecieron en los Estados Unidos conformando un entramado de diversas nacionalidades. Cuando se producen las guerras civiles en Centroamérica se inicia un proceso migratorio atravesado por la violencia. Así, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos y otros, comienzan a reunirse en grupos con características distintivas que van desde lo estético hasta lo que puede llamarse un reglamento propio de convivencia interno y externo. Luego de propagarse por varios estados de los Estados Unidos, estos pandilleros son deportados a sus países de orígenes en los cuales se inician contiendas entre pandilleros de la misma nacionalidad pero pertenecientes a diversos barrios.

¿En qué países se puede decir que hay Maras?
En Centroamérica existe lo que he dado en llamar el Triángulo Mara Centroamericano compuesto por El Salvador, Honduras y Guatemala. En esos países, la presencia de las Maras en su relación con el narcotráfico es cada vez mayor. México es uno de los países más sometidos a la violencia marera. Allí, los carteles de la droga han captado a menores pandilleros para convertirlos en verdaderos mareros, y también en niños soldado. Existe una presencia más reducida de pandillas en Nicaragua así como en Venezuela y Colombia. Estos dos últimos países ya más relacionados con la guerra narco han recibido a pequeños grupos de mareros. Lo mismo que Perú y Bolivia.

¿Cuántas Maras hay?
No existe un relevamiento de datos específico. Por lo tanto, es difícil precisar un número. Las más conocidas son la MS13 (Mara Salvatrucha), la M18, la Latin King, y Ñetas, pero existen y aparecen más. En Argentina –si bien no existen Maras en estado puro- una de las pandillas más sobresaliente es la de Las Pirañas. En México existe un grupo llamado Los Pirañas quienes se enfrentan, como comúnmente sucede, con otro grupo (en este caso, Los Dragones). Estos chicos reunidos en pandillas se metamorfosearon del mismo modo que las bandas en Argentina. Pasaron de los encuentros en las esquinas y las peleas a puños, al delito a gran escala y al uso de armas blancas y de fuego. Otras son La Banda del Guacho, el semillero Narco en el barrio Chino dentro de la Villa 31. También hay agrupaciones ubicadas en la zona del barrio porteño del Abasto, en la ciudad de Buenos Aires sin nombres distintivos pero conformados en su mayoría por peruanos y bolivianos.

¿Cuál es el rito de iniciación?
Aquí también debemos ser rigurosos para no caer en la tendencia sostenida a la desinformación sobre un tema cada vez más complejo. El mundo de las Maras es diferente al mundo de las pandillas. El primero es un mundo más sofisticado en cuanto a la infraestructura y estructura piramidal que poseen. También en relación a la logística que emplean al momento de dar un golpe. La iniciación de un pandillero para escalar a la Mara es asesinar, vincularse desde otro lugar con el narcotráfico. Tiene que ver con demostrar a los líderes de la mafia que la defensa del barrio ha sido superada por la defensa de la frontera. De hecho, aquellos individuos que se encuentran en la cúspide siempre buscan captar a menores que se perfilen como cerebros criminales. Que tengan sus mentes relativamente limpias para poder asimilar la información delictiva correspondiente.
En cambio, para ingresar a una pandilla, cuyos integrantes generalmente son emergentes de la pobreza y la marginalidad, los ritos de iniciación tienen que ver con matar a sangre fría a un integrante de una pandilla rival; a un ciudadano común; violar a alguien. En el caso de las mujeres, cuya vida en la pandilla es casi efímera y son utilizadas como mulas, deben mantener relaciones sexuales con el líder de la pandilla, que en realidad son todos. Porque en el mundo pandillero, se suele decir que no hay un líder determinado.

¿Hay evidencias concretas de que Al Qaeda, la organización terrorista de Osama Bin Laden, haya mantenido reuniones con representantes de las Maras Salvadoreñas?
Las Maras están relacionadas con el terrorismo por ejercerlo desde su seno mismo. Textualmente, INTERPOL teme que las células de Al Qaeda tejan vínculos con las Maras de los países centroamericanos para reforzar las redes de tráfico de drogas. Ese temor cobra fuerza por las evidentes debilidades para combatir el narcotráfico y porque los países centroamericanos son un semillero de Maras.
En Canadá, Líbano y Australia existen pandillas con características propias que se van abasteciendo de las experiencias del crimen organizado que se nutre de estos brotes. Lo mismo sucede en España, el primer país europeo que ya experimenta un estado larval de Maras.

¿Se puede hablar de Maras en la Argentina?
En Argentina no hay Maras. No obstante, lo que sí hay es un estado embrionario de Maras. Un estado larval de Maras que significa pequeños brotes regados minuciosa y lentamente por la penetración del narcotráfico en el país frente a la permeabilidad de las fronteras, a la falta de un continente educativo y a la negación del problema. Eso convierte a la Argentina en un espacio propicio para el desarrollo y arribo de las Maras vinculadas al narcoterrorismo. Argentina integra junto a Uruguay y Chile lo que he dado en llamar Triángulo Embrionario Latinoamericano de Maras.

¿Cuál es el futuro de las Maras?
En el caso del Triángulo Embrionario depende básicamente de dejar de lado la negación compulsiva de la violencia imperante. De no seguir siendo funcionales a los narcos diciendo que vivimos una inseguridad en estado de sensación. Es importante que tanto el oficialismo como la oposición, en el mundo, dejen de tomar a la pobreza como una herramienta funcional para justificar la inseguridad.

Las dudas de Pasquini Durán

21 de abril de 2009

El problema de la inseguridad y un archipiélago para llenar un espacio en Página 12.

La discusión en Argentina sobre la baja de imputabilidad de los menores, así como la inseguridad en estado de sensación son dos puertas abiertas a la precarización de la realidad social que ha cobrado distintas formas en los últimos años.
Desde una inflamación mediática, hasta una negación compulsiva de los gobernantes y jueces, la seguridad se presenta, en estos tiempos, con matices casi utópicos. Sucede, que los medios no exacerban la problemática como desde el otro lado se plantea o acusa.
Los medios de comunicación transmiten los sucesos en sus distintas ediciones televisivas por los diversos canales de TV, en los programas de radio AM/FM y en los periódicos. Es una cuestión que responde a una dinámica informativa y que atiende a las demandas de una sociedad de consumo fragmentada en horarios de disponibilidad.
En este contexto, el fenómeno de Las Maras también fue adquiriendo notoriedad y preponderancia. En Centroamérica por ser un hecho y en Latinoamérica por estar en vías de desarrollo.
El debate se ha dado en algunos círculos intelectuales y académicos; dentro del periodismo mismo y entre los ciudadanos que encuentran en jaque, cotidianamente, su derecho de vida.
A través de documentales, escritos y algunas investigaciones livianas sobre el modus operandi de Las Maras, se han establecido proposiciones desde arriba que niegan la existencia de las mismas en nuestro país y salen al ruedo crítico de aquellos que sostenemos una teoría media.
En una nota publicada en Página 12, el domingo 19 de abril de 2009, titulada “Archipiélagos” y firmada por Pasquini Durán, se hace una pequeña retrospectiva del surgimiento de Las Maras, se promulga el film “La vida loca”, recientemente estrenado en México, y se niega la presencia de Maras en Buenos Aires.
Más precisamente, el autor dice: “No hay “maras” en Buenos Aires, pero la violencia comienza a presentarse tan salvaje y descontrolada que, al margen de sus dimensiones reales, espanta a porciones importantes de las sociedades de grandes y medianos centros urbanos”.
Esta afirmación lleva, inexorablemente, a volver sobre las divisiones que hacen de nuestro país un entramado violento que tiende a confundir al momento de negar o afirmar presencias.
Primero: En Argentina como en el resto del mundo existen pandillas con características locales e importadas, cuya principal característica es la defensa del territorio barrial mediante el empleo de la violencia.
Segundo: En Argentina existen Tribus Urbanas vinculadas a los estereotipos estéticos y al cliché del desencantamiento, también, como en otros países.
Tercero: En Argentina, como dice Pasquini Durán, no hay maras. Lo que si hay es un ESTADO EMBRIONARIO DE MARAS. UN ESTADO LARVAL DE MARAS que significa pequeños brotes regados minuciosa y lentamente por la penetración del narcotráfico en el país frente a la permeabilidad de las fronteras, a la falta de un continente educativo que pueda sostener a los chicos en banda que buscan escalar y a la negatividad antes mencionada que convierte a nuestra Nación en un espacio propicio para el desarrollo y arribo de las Maras vinculadas al narcoterrorismo.
¿Una nueva ley penal que baje la edad de inimputabilidad desarticularía la violencia o apresuraría la formación de “maras” a la criolla? Es la pregunta del autor de la nota que debería atender a la posibilidad, si conoce sobre lo que escribe, de no transmitir interrogantes sino certezas e información a sus lectores.
No obstante, ayudemos a Pasquini a despejar sus dudas.
Penalizar a un menor es una posibilidad que no debe descartarse por razones que no necesitan ser intelectualizadas.
Un menor que asesina requiere de una pena. De una sanción que le de cuenta que el hecho cometido es un delito que atenta contra la seguridad individual y colectiva. Estos chicos necesitan un continente legal porque de lo contrario, se les está legitimando la acción. Con lo cual, ya sea por falta de educación y trabajo o bien, por ser congénitamente delincuentes, reincidirán y cuando lleguen a la edad, hoy por hoy estipulada por la ley, se habrán cobrado la vida de muchos ciudadanos.
Bajar entonces la edad, implica un freno. Un límite. Una medida que acompañada por un equipo de especialistas en minoridad sería el inicio de sacar la anomia por la cual estamos atravesados.
En cuanto a si ello apresuraría la formación de Maras, debemos hacer nuevamente hincapié en que ya existe un estado embrionario local de Maras. Reducir, en este sentido, significaría alejar a los menores delincuentes ya etiquetados como tales de los narcos que buscan alinearlos para armar lo que ya sería, la definitiva estructura de Maras en Argentina.

Al Qaedización de Maras

14 de abril de 2009


Las Maras centroamericanas, el estado embrionario latinoamericano y la presencia de Al Qaeda en las redes del narcocrimen.

Generalidades

A pesar de la negatividad gubernamental y de algunos jueces garantistas enquistados en decir que la inseguridad no es más que un estado exacerbado por los medios de comunicación, el problema existe. Es complejo y se debate entre la ignorancia, la banalización y la funcionalidad de su existencia para una oposición sin ideas.
No obstante, también representa un problema para los especialistas que abordan el tema trascendiendo la obviedad del delito de cabotaje que existe en todas las Naciones. Porque aunque la tendencia sostenida sea negar la proliferación de Las Maras a nivel mundial, ellas aparecen en el escenario para entremezclarse con la criminalidad local que ante la presencia de las mismas, toma herramientas para crecer y desarrollarse a nivel estructural y de organización.
Por tales motivos, la relación de Las Maras con otros espacios de poder es fundamental para trabajar en la extensión del narcotráfico así como en la generación de miedo y terror en las poblaciones que las padecen así como en aquellas que experimentan el proceso, aún, desde la potencialidad.

Los triángulos
Como se sostiene desde éste Blog, las políticas aplicadas para erradicar a Las Maras han fallado y en algunos casos, hasta han incrementado su vigencia en distintos puntos. Sucede, que el hecho de no discernir entre una Pandilla y una Mara invita a la confusión al momento de aplicar medidas tanto preventivas como combativas. Entonces, los hechos cotidianos demuestran no solo el fracaso sino también la ramificación de las células de la M-18 y la MS13. Y lo más grave, la relación que mantienen con el narcoterrorismo y con los grupos terroristas del tipo Al Qaeda.
Tanto es así, que los representantes de los países integrantes del Triángulo Maras Centroamericano (Guatemala, Honduras, El Salvador) alertan sobre la operatividad del crimen organizado en la región.
"El terrorismo internacional es un crimen muy bien financiado, sumamente agresivo, no reconocen fronteras, no reconocen grupos, no reconocen nacionalidades” (Ricardo Maduro, presidente de Honduras).
Por otro lado, el llamado de atención y de toma de conciencia que realiza INTERPOL (La Organización Internacional de Policía) revela que el estado de situación es complejo y que paulatinamente baja al Triángulo Embrionario Latinoamericano de Maras (Argentina, Uruguay, Chile).
INTERPOL teme que las células de Al Qaeda tejan vínculos con las Maras de los países centroamericanos para reforzar las redes de tráfico de drogas.
Un temor que cobra fuerza por las evidentes debilidades para combatir el narcotráfico y por ser, los países centroamericanos un semillero de Maras y los países latinoamericanos espacios propicios para su arribo y formulación de grupos que escalan en dicha materia, gozando de ser confundidos con meras Pandillas, Tribus Urbanas e individuos legitimados por la pobreza.
Todas ellas, razones suficientes para pensar en una futura Al Qaedización de Las Maras.

 
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